miércoles, 18 de septiembre de 2013

Consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María.


En respuesta al deseo del Santo Padre Francisco, la Imagen de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, que es venerada en la Capilla de las Apariciones, estará en Roma el 12 y el 13 de octubre, en la Jornada Mariana promovida por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización. En el día 13 de octubre, junto a la Imagen de Nuestra Señora, el Papa Francisco realizará la consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María.

La Jornada Mariana es uno de los grandes eventos previstos en el calendario de celebraciones del Año de la Fe y congregará en Roma a centenares de movimientos e instituciones vinculadas a la devoción mariana.

En una carta dirigida al Obispo de Leiría-Fátima, Antonio Marto, el presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, Mons. Rino Fisichella, comunica que “todas las realidades eclesiales de espiritualidad mariana” están invitadas a participar en la Jornada Mariana: un encuentro que tiene previsto, en el día 12, una peregrinación a la tumba del Apóstol San Pedro y otros momentos de oración y meditación; y, en el día 13, la celebración eucarística presidida por el Papa Francisco, en la Plaza San Pedro.

Es un vivo deseo del Santo padre que la Jornada Mariana pueda tener como especial signo uno de los íconos marianos que están entre los más significativos para los cristianos de todo el mundo y, por ese motivo, hemos pensado en la amada estatua original de Nuestra Señora de Fátima”, escribió Mons. Fisichella.


De este modo, la Imagen de Nuestra Señora dejará el Santuario de Fátima en Portugal en la mañana del día 12 de octubre y regresará en la del día 13. En su lugar, en la Capilla de las Apariciones, será colocada la primera Imagen de la Virgen Peregrina de Fátima, entronizada en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario desde el 8 de diciembre de 2003. 

jueves, 18 de julio de 2013

Marta y María


XVI DOMINGO ORDINARIO Lc 10,38-42


Para comprender la Palabra

Camino a Jerusalén Jesús visita la casa de Marta y María. No se dice quiénes son, ni en dónde viven. El texto está construido a partir del contraste existente entre las personalidades de las dos hermanas que reciben a Jesús en su casa: María, que sentada a los pies de Jesús escucha su palabra, y Marta, preocupada por el trabajo de la casa a fin de ofrecer una digna acogida al Maestro. Las dos actitudes son muy loables. Se trata de señalar prioridades y la prioridad, en la fe cristiana, pertenece a la escucha de la Palabra de Dios. La vida cristiana es esfuerzo, pero también es – e incluso  prioritariamente- recepción, acogida.
Estar sentado “a los pies” es una expresión bíblica que designa al discípulo que, en modo atento y diligente, sigue las enseñanzas de un maestro (2Re 4, 37; Hech 22, 3). María es presentada como discípula de Jesús. El verbo griego en imperfecto indica que la acción de María no es pasajera, sino que la realizaba con perseverancia. Ella es modelo del discípulo que fundamenta toda su vida en la escucha obediente de la palabra de Jesús. Presentar la figura femenina como modelo de discípulo es una verdadera novedad dentro del ambiente cultural y religioso de la época, en donde solamente los hombres podían dedicarse al estudio de la ley.
Marta anda preocupada e inquieta con tantas cosas para que Jesús esté bien servido. Marta es descrita con el verbo griego “Perispào” que se puede traducir como “estar ansioso”, “se afanaba” (v. 40). Jesús no desautoriza su servicio: indica que lo esencial para del discípulo es dedicarse a escuchar su Palabra, y esto exige una total y exclusiva atención (es la mejor parte) para que dé fruto. El servicio (diaconía) no debe turbar y distraer, cayendo en la agitación y al afán. Servir sin escuchar es perder lo esencial. Ciertamente se deberá actuar, pero el obrar no será un hacer desnudo, sino un poner en cumplimiento aquello que se ha escuchado. Escuchar es esencial en la vida de discípulo ya que siempre serviremos como Jesús.
No es exacto, por tanto, contraponer entre sí a Marta y María como la acción y la contemplación. Israel no conoce ese tipo de mística ni de contemplación. Conocer a Dios implica en Israel el escuchar la palabra y llevarla a la práctica. Sólo desde aquí se entiende el mensaje radical de nuestro texto. La “escucha de Jesús” puede venir a determinar un tipo de existencia cristiana que profundiza especialmente en el don de la fe. Tal sería el fundamento de la contemplación cristiana, que no está basada en un proceso ascensional de la mente que tiende hacia Dios, sino en la auténtica obediencia del que escucha la palabra y vive inmerso en el gozo y exigencia que ella produce.
Hay que reiterar que aquí hay una postura inaudita. La mujer no es creyente de segunda. No tomaba parte oficial en el culto de la sinagoga ni se podía dedicar a la escucha y cultivo de la ley. Ahora, con Jesús resulta que es la figura femenina donde se refleja el auténtico cristiano.



Para escuchar la Palabra

El Reino ha hecho de Jesús peregrino y le ha proporcionado tantos amigos. Él aceptaba ser acogido en el hogar de cuantos aceptaban el evangelio de Dios en su corazón. Era su táctica misionera: identificaba a sus amigos con aquellos que se identificaban con su evangelio y se dejaba servir por quienes, tras de haberle escuchado, ponían sus vidas al servicio de Dios. No separó misión de amistad, vida pública y vida privada. Personalmente, ¿Qué criterios utilizo para la selección de mis amistades en el ejercicio apostólico? ¿Acojo el Reino de Dios de manera de hospedar a Jesús y entrar en amistad con él? ¿Cómo tenerle como huésped en casa, si no permitimos que su palabra sea nuestro alimento y nuestra tarea?
Que Jesús desee y busque ser hospedado no le hace indiferente al modo de ser recibido. Quien se dedica a escucharle, le hospeda mejor. A Marta no se le corrige por cuanto hace, sino por lo que deja de hacer. El servicio más preciado que podemos ofrecer a Jesús, quienes estamos dispuestos a recibirle en casa, es de lo más sencillo y el más agradable: Gozar de su persona oyendo su palabra. Obtendremos lo mejor y la promesa de no perderlo nunca. ¿”Pierdo” tiempo en la atención y escucha del Señor? Mi actividad como discípulo, ¿suele caer en la ansiedad y angustia? Es mi actividad ejercicio de obediencia a quien he escuchado?



Para orar con la Palabra


Pública como privadamente, abierta como en lo secreto no pierdes tiempo Señor para el anuncio del Reino. Eres una persona totalmente consagrada a una causa, aquella del Reino. Reposo, amistad, actividad, soledad, acompañamiento... todo en tu vida gira en torno al anuncio del Reino de tu Padre. El Reino te llenó mente, corazón y manos. Ven, Señor, quiero hospedarte escogiendo la parte mejor, la más estable e imperecedera: la acogida atenta de tu mensaje sobre el Reino. Que el frenesí de mi vida no me lleve a considerar la escucha de tu Palabra como tiempo perdido. Siendo tú totalmente para el Reino, gáname a fuerza de tu predicación a la escucha incondicional de tu Palabra. Que no pierda lo mejor por lo bueno. Sólo la escucha a tu palabra garantizará mi vida cristiana y apostólica.

martes, 16 de julio de 2013

¡Precaución!


Velad y orad, para que no caigas en tentación, que el espíritu está pronto, pero la carne es débil. Mateo 26, 4.

En Vacaciones es normal que se rompan hábitos cotidianos y esto afecta muchas veces nuestra vida de oración o prácticas religiosas, que con frecuencia posponemos. No cedas a la tentación de olvidar a Dios, al contrario… es ahora cuando tú tienes la oportunidad de dialogar con Él de manera más profunda, con más atención y con más intención de escucharlo. Y fiel es Dios que no permitirá seas tentando sobre tus fuerzas. 1 Corintios 10, 13.