jueves, 21 de abril de 2016

1er. Congreso Mujeres en Cristo-Los Mochis


Sábado 14 de mayo de 2016.
Salón Milenio, G. Leyva No. 405 Nte.

"Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad", esa fue la frase con la que respondí en la ceremonia, donde hice mi promesa de por vida como salesiana cooperadora, la misión a la que me comprometí con Dios, es gastar hasta el último aliento de mi energía por la salvación de los jóvenes, y estar al servicio de la iglesia, de ahí que respondiendo al llamado, soy ministro extraordinario de la Eucaristía en mi parroquia, y ahora soy parte de este maravillo grupo de mujeres, a las que nos une una gran amor de Dios y el deseo de compartir este vivencia de amor con muchas más mujeres, ¿porque mujeres, crees que somos un poco feministas? no, para nada, pero sabemos que la fe, en los hogares está sostenida en gran medida por las mujeres, las abuelitas que nos han enseñado a rezar y las madres que aunque no nos digan una sola palabra del Evangelio, en sus acciones y en sus ojos y en esa seguridad que sentimos cuando se acercan, podemos percibir la presencia amorosa de Dios. Entonces queremos que esas mujeres, no se vacíen en el día a día, no se cansen de amar, queremos que se llenen de Dios, y queremos juntar esta vivencia, compartirla en el Congreso Mujeres en Cristo, queremos decirnos una o otra, Mujer que grandre es tu fe, tu hijo está enfermo, pero sigues adelante, tu esposo esta batallando con el trabajo, pero sigue siendo su compañera, la sociedad se percibe con temor, pero tu sigues siendo refugio para tu familia.

Eso es el Congreso Mujeres en Cristo, eso queremos compartir, eso queremos que vivan todas las mujeres de Los Mochis, es una invitación para las mujeres mayores de 15 años y hasta los 100 todas son bienvenidas. 

MISIÓN:
Propiciar un Encuentro Profundo de amor con Cristo entre las mujeres de las distintas parroquias que integran nuestra ciudad de los Mochis, para que fortalecidas en la Fe, la Esperanza y la Caridad, se sientan motivadas a responder con compromiso, desde su situación de vida y de manera eficaz al llamado que Dios les hace para anunciar y hacer presente el Reino de Dios en sus hogares y comunidades.
VISIÓN:
Ser una herramienta de apoyo en la evangelización y encuentro con Dios para las mujeres, quienes a través de la detonación de este proceso de conversión, salgan renovadas en su Fe y pasión por el evangelio , con la  convicción de  trabajar generosamente, desde la familia y la comunidad cristiana construyendo así la CIVILIZACIÓN DEL AMOR. 
Lema: “Mujer, ¡que grande es tu fe!” Mateo 15, 28.
La Temática ira orientada a motivar a la Mujer a descubrirse Hija de Dios, con una gran figura misionera a desarrollar en todas las áreas de su vida, para bien suyo, y de su iglesia.
Con el objetivo detonar y consolidar un proceso de encuentro personal de las mujeres con Jesús Resucitado, será para nuestra Iglesia local una auténtica oportunidad de vivir la vida de iglesia y al servicio  de nuestras comunidades, y que a través de experiencia que cada una viva, le motive a la integración en su respectiva comunidad y pueda compartir a través de su servicio lo mucho que Dios les regala.

¡¡¡ Las esperamos, este sábado 14 de mayo, a partir de las 8:00 am en el salón Milenio!!!

miércoles, 30 de marzo de 2016

Por el Camino de Emaús

En el relato de Emaús sorprende la cercanía de Cristo. Su humanidad, aunque gloriosa, no ha dejado de ser humana. Mientras aquellos dos discípulos huían de Jerusalén temerosos, desconfiados y desilusionados por el aparente fracaso de la cruz, Jesús se les hace el encontradizo. Y mientras les iba explicando todo lo que en las Escrituras se refería a Él, fue abriéndoles el corazón para que, desde el amor, pudieran entender la palabra suprema que iba a ser el gesto sencillo de partir el pan. Sólo en ese momento le reconocieron, pero Cristo desapareció, dejando tras de sí la huella de su presencia: el fuego de amor en el corazón y el pan partido sobre la mesa.

Qué bello suspender el relato en este momento en que cesa la presencia física y gloriosa de Cristo y queda sólo ante los ojos del corazón asombrado aquel pan partido sobre la mesa. Era el signo de una certeza: que Cristo había caminado con ellos, que les había explicado las Escrituras, que habían oído en las palabras de la bendición del pan aquella voz del Maestro que les resultaba tan familiar, e incluso que lo habían reconocido allí, junto a ellos, tan real y cercano como siempre lo habían sentido antes de morir en la cruz. Cuánto tiempo estarían los discípulos contemplando el pan partido en la mesa y adorando, desde el amor encendido, esa dulce presencia, tan humana, del Cristo caminante, que acababan de gustar.

Ante el pan partido, brotaría espontánea una silenciosa confesión de fe y de amor: “¡Es el Señor!”, la misma que brotó del corazón sorprendido de Juan en la orilla del lago de Tiberíades. La misma que debe brotar en ti y en mí cada vez que te acerques a comer de ese Cristo partido que, cada día, se te hace pan sobre la mesa del altar.

Fuente: Emilio Ferrando


jueves, 24 de marzo de 2016

El lavatorio de los pies, de Sieger Köder

Después de la Misa de hoy, la hermana Dania me ha regalado una estampa de Sieger Köder que representa al Señor lavando los pies a Pedro. No conocía el cuadro ni al autor, pero me ha impresionado profundamente. Mientras espero el momento de participar en la hora santa, he escrito esta pequeña meditación.

En el cuadro solo se ven la figura de Pedro (sentado) y de Jesús (arrodillado). Al fondo, en la penumbra, un pan y un cáliz sobre la mesa.
Pedro tiene los pies en el agua. Apoya una mano en el hombro de Jesús (lo que indica que entre ellos hay una relación de intimidad) y alza la otra, como queriendo detener a Jesús.
Jesús está completamente inclinado, postrado por tierra, con la mirada puesta en los pies de Pedro, concentrado en su acción.
Además, Jesús está revestido con el “talit”, el manto judío para la oración, indicando que el lavatorio de los pies es un acto de culto. El culto que Él ofrece al Padre es el servicio a los pecadores, la entrega incondicional de sí mismo.
Un rabino podía pedir cualquier servicio a sus discípulos, excepto que le lavaran los pies. Esa labor estaba reservada a los esclavos o a las mujeres. Los esclavos lavaban los pies a sus amos y las mujeres a sus esposos, padre o hijos.
En el agua sucia de la palangana se refleja el rostro de Cristo. Es el rostro del que se despoja de su rango y se convierte voluntariamente en esclavo de todos, el rostro del que no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por los pecadores.
Yo no soy distinto de Pedro. Amo a Jesús con sinceridad, pero soy capaz de traicionarle en cualquier momento. Lo reconozco como mi Señor, pero no termino de comprenderle. Quiero seguirle, pero me avergüenzo de que Él se rebaje a servirme y a lavarme los pies una y otra vez, me canso de tropezar siempre en las mismas piedras y me cuesta dejarme limpiar por su gracia.
Necesito descalzarme, dejar que Jesús lave mis pies sucios, que entre en las zonas oscuras de mi corazón para limpiarlas y sanarlas. Es precisamente en el agua sucia de mi debilidad donde puedo descubrir su rostro amoroso, que “castiga mis muchas faltas con grandes bendiciones” (Santa Teresa de Jesús). Es allí donde se revela su rostro: cuando dejo que su gracia sane mis heridas, que su amor limpie mis pecados, que su fidelidad ilumine mis tinieblas.